Marcela García Rojas

El ombligo de la luna

Ciudad de México, México.

Marcela García Rojas

Viajero: has llegado a la región más transparente del aire“:  Alexander von Humbold.

      Una mañana en Polanco. Entre Lamartine y Arquímedes, el frío cala los huesos, el aroma del café espresso invade los sentidos; el reloj marca las horas de las deshoras, sexto intervalo antes meridiano, el sol se oculta en las nubes sosas y obstinadas. El ir y venir del transeúnte ambientan la habitación, el aturdir del conductor desesperado enajena y suspende el momento en el tiempo.

masarik

Foto: Lidia Arista. El Universal.

         Las garnachas están en su punto, una guajolota es el menú, chile verde que le ha de dar sabor al caldo de monotrema. Dirección barranca del muerto, las danzas aztecas anuncian la estación, huele a pápalo y a rosas de castilla. Imponente el Tepeyac justiciero, observa a la muchedumbre y hace mutis.

        Pino Suárez, yo bajo en la esquina, ¿y usted? Bienvenido a la región más transparente del mundo, el templo mayor, el ombligo de la luna, el centro del universo, ahí donde cruza el trópico de cáncer. La estrella madre occidental resplandece en el horizonte donde las miradas colisionan, palidecen y se ruborizan, el viento sopla y resopla, estamos sin duda ante una recóndita tertulia.

        Bulevar puerto aéreo, diez pesos le cuesta, diez pesos le vale. Oriente 180, número 219, colonia Moctezuma, segunda sección, norte 21 entre la 172 y el circuito interior. Tu beso sabe a bacalao y romeritos, ensalada de manzana y colación. ¡A la rrurru niño a la rrurru ya! Dos placeros ayotlecos, por favor, con salsa borracha y chile manzano, una de cebada bien muerta, para el calor no, para mí.

        La reforma del paseo. Derecho hasta que tope con el tiempo, con la espera, con todas las ilusiones y con una que otra quimera. Al paso, al paso… Los magnolios elegantes y grandiosos pintan de blanco la casa del ángel dorado. El cuerpo del deseo álgido, la diosa arrodillada clama venganza, la saeta que la viste, precisa desesperada el corazón que atravesará.

        El Benemérito de las Américas engalana la entrada triunfal, el parque de la perrada, los abedules y la lavanda, Zeus y las Ninfas. Danzón dedicado al caballero y la dama que lo acompaña. Las bellas artes sublimes. Sobre cinco de mayo, I. Madero, el Palacio Azul, ¡de prisa, de prisa! Los Condes del Valle de Orizaba saludan en su balcón; Don Rodrigo de Vivero y Aberrucia.  

        El discurrir de conciencia detiene a los últimos pensamientos que sin querer queriendo luchan por ser una verdad. Les dice muchachos no salgan, pero ellos hacen un gesto y orondos se van. En regocijo me encuentro charlando con Hegel y Lope de Vega en Plaza Uruguay, la negra noche está por llegar y hacernos compañía. Vigésimo segundo intervalo pasado meridiano… Una sombra en Polanco.

 

 

Anuncios
Estándar